HOME

La dedicación al Arte trasciende a la profesión.
Hay humanismo, expresión, terapia, entrena nuestra sensibilidad y combate nuestro declive emocional.
En la docencia y en la creatividad encontré herramientas sin las que no hubiera podido encontrarme completa.
Desde el privilegio que me rodea, más evidente cuando la adversidad se presenta, necesito transmitir mi gratitud y el valioso significado del Arte. 
Y así, agradezco a muchos su confianza, la pasión que comparten y como amplifican mi convicción. 
Sencillamente, un lápiz también es una herramienta de felicidad.

Y porque el refrán me dice:
«Si no das, no pidas».

Gracias a todos los que lo han hecho posible.

Un saludo.

Pilar Fanjul.



MADRID ES DE PLATA

Madrid es de plata, el de los Austrias, el modernista, el de principios de siglo y todavía, pero también, es barroco y campechano y amable, a pesar de los coches, que todo lo están modificando y que en estas obras no lo vemos, porque romperían la impronta de silencio que contienen.
Pilar Fanjul ve un Madrid de plata y lo recrea, lo plasma, lo efígia en sus telas, entre la obediencia a la realidad y la ensoñación. Pero Pilar sabe que hay muchos tonos de plata, que la gama es tan rica como ella lo evidencia. Porque hay plata encantada, gris, roja, agria, de piña, puro alcamor y como una consumada percocera, va dejando un tono, un jirón de sí misma en cada pieza, en cada pincelada. Y sabe, como conocía Wallace Steven, que » lo real está constantemente sumergido dentro de lo irreal».
Pilar, que es tímida, introvertida, nefelibata, pero diáfana, se suelta con la pintura, pierde la rigidez y, en soledad, pinta fluido, en una sinfonía de verdes, platas, blancos martirizados y verdes, como un canto sencillo, impresionista, casi abstracto, sin perder nunca la referencia.
A primera vista, uno diría que son temas acuarelados, haciendo dialogar el blanco, la tela limpia, con otros juegos cromáticos. Pero no se trata de acuarela, sino de óleo diluido con vocación de fragilidad, de levedad, de técnicas mixtas, componiendo con manchas y vestigios de luz, para conformar un paisaje urbano muy particular, sobre un lecho de geso.
O bien, creando volúmenes, sensación de grandes espacios interiores, con solo unas huellas de línea y el esbozo de unas plantas, unos árboles.
Domina la claridad, incluso en esas ventanas que abre al otoño, donde los ocres claros, los jaldes, los verdes cinabrio, presentan la estación que cierra el ciclo de los chopos, castaños, hayas, acacias, plátanos, tapizando los jardines con sus hojas de canela u oro.
¡ Rincones de Malasaña, el gran jardín de la estación de Atocha, portalones del eje de la Castellana, Plaza de Cibeles, rincones de la Casa de Campo, del Retiro; Plaza De la Villa, Puerta del hospicio, donde hay platas cupríferos, rojos de quijo, trena, nacarada, y blancos selenitas, no en balde la luna es la correspondencia planetaria de la plata !
No puede negar la autora, que viene de la disciplina del dibujo, que cuida la composición y que nada es por azar, los cielos, de cal, limpios , dejan entrever sus fondos, casi azules; las transparencias operan con un protagonismo evidente, sin perder luminosidad, sin excesos.
Se podría pensar en semitono, pero no, son colores sajelados, trabajados, transparentes, mimados, con esa sensación de facilidad, que oculta lo que cuesta conseguirlos.
En toda obra, en cada cuadro, está en lo que el artista puede y no puede, aquí en los cuadros de esta exposición, se ve, sin falta de datación, la progresión de su pintura, que camina desde el sometimiento al modelo hasta la libertad, vigilada, pero libérrima y con vocación envolvente.
Este » Madrid de plata » es la tarjeta de presentación de su autora, su primera exposición personal, que se caracteriza por su coherencia, por su ductilidad, por su forma de hacer. Importa lo que dice, pero mucho más como lo dice, porque en general se trata de una iconografía fiable, reconocible, pero siempre con un cuño personal, con los ingredientes de un lenguaje que se está formando, cuya dinámica conducirá a su idiolecto.
En pintura hay temas, hay técnicas, pero cuando uno se pone delante de un cuadro y se olvida de todo ello, para gustar y sentir lo que nos transmite, es que funciona.
Y es una actitud valiente, una pintura muy valiente, porque hay antecedentes de lujo y conseguir lo que P. Fanjul logra en esa visión horizontal, » Madrid desde la Casa de Campo «, nombrando casi no diciendo, no es nada fácil. Hay un aleteo en los tonos: alcamor y blancos repujados, verdeceladón, azules, que subyacen dejando constancia de su presencia poética, se armonizan como un cuarteto de cuerda.
Su formación le condiciona; lo que puede hacer, nadie lo sabe, porque el arte no es para adivinos, si no para los que ven. Y lo que vemos ahora, con esta pintura, es una excelente mano, para actualizar el género del paisaje, para pintar, ajena a las modas y entregada a sí misma, viendo fuera y dentro, pasando lo que ve por el cedazo de su pensar, pues no hay arte sin pensamiento.
Asistir al comienzo de un camino es emocionante, no se trata de descubrir nada ni a nadie sino de certificar lo que ya está hecho, en este caso, un excelente gusto por una melarquía iluminada, más hermosa cuanto más libre, más enriquecedora cuanto más pura, más sólida cuanto más fluida, más estuosa cuanto más fría. Una frialdad no distante, sino de búsqueda, serena, de sinergias expresivas y receptivas.
Como colofón a esta presentación, mi retina impresionada de claror y seda, recuerdo y traigo estos versos del poema » Tubingen» de la poetisa alemana Elisabeth Borchers : » Sin presentir nada vas hacia ello / como si estuviera lo oscuro iluminado».

Tomás Paredes.
(El Punto de las Artes. Abril 2005.)

FANJUL


Choveu toda a noite, poñendo música de fondo ao meu sono, e aínda aos meus soños, ás veces alebrestados. Choveu case cal se fose a derrameira vez, e o ceo de Madrid quedou limpo, despois de tanto tempo sen defacerse en auga. Chove tamén nas pinturas de Pilar Fanjul, a quen recupero como persoa, como pintora, todo e novo para mín, na Galería Puerta de Alcalá, onde expón esta muller miúda, que te ultrapasa con ollada de azul aceiro, e que se apodeira do Madrid cotián. Desde una técnica falsamante hiperrealista pois bebe no impresionismo para darlle unha segunda volta de tornelo ao seu estilo. Tan definitivamente propio como esa chuvia no asfalto da Gran Vía, que Pilar Fanjul muda en lago onde os coches son lavancos. E de novo a chuvia , agora máis sutil, aos pes da estatua de Espartero, » O Pacificador», e as Torres de Valencia, ao fondo, agora, xa non meramente un entroido. Viaxa tamén Fanjul ás Catro Torres, alá onde o Norte de Madrid anda a rañar o ceo, e eu descubro máis posibildades aínda nesta pintora que bule e ferve nos seus cadros, sempre de exteriores, case nunca con presencia humana, ateigados de rúas, prazas e recantos dun Madrid posmoderno mais que se revela tamen nas argolas con cabeza de animais pendurando nas paredes. E as Vespas varadas no centro, dunha pintura urbana, coa chuvia envolovendo todo con aquela sutil gasa do poema de Rosalía De Castro. Pilar Fanjul, tal espilida, e a chuvia ao redor nosa toda a noite.

(«Llovió toda la noche, poniendo música de fondo a mi sueño, e incluso a mis sueños, a veces llenos de flores. Llovió casi como si fuera la última vez, y el cielo de Madrid estaba despejado, después de tanto tiempo sin disolverse en agua. También llueve en los cuadros de Pilar Fanjul, a quien estoy redescubriendo como persona; como pintora, todo es nuevo para mí, en la Galería Puerta de Alcalá, donde expone esta menuda mujer, que te supera con una mirada azul acerada y que se adueña del Madrid cotidiano. De una técnica falsamente hiperrealista, bebe del impresionismo para darle una segunda oportunidad y convertirlo en su estilo. Tan definitivamente suyo como esa lluvia sobre el asfalto de la Gran Vía, que Pilar Fanjul transforma en un lago donde los coches se lavan. Y de nuevo la lluvia, ahora más sutil, a los pies de la estatua de Espartero, «El Pacificador», y las Torres de Valencia, al fondo, ya no son solo un carnaval. Fanjul también viaja a las Cuatro Torres, donde el norte de Madrid araña el cielo, y descubro aún más posibilidades en esta pintora que hierve y hierve en sus cuadros, siempre desde fuera, casi nunca con presencia humana, atestados de calles, plazas y rincones de un Madrid posmoderno pero que también se revela en los anillos con cabezas de animales que cuelgan de las paredes. Y las vespas varadas en el centro, de un cuadro urbano, con la lluvia envolviéndolo todo con esa sutil gasa del poema de Rosalía de Castro. Pilar Fanjul, tan desnuda, y la lluvia alrededor toda la noche.»


Vicente Araguas.
(Diario del Ferrol. 29-10-2011)

2026©️Pilar Fanjul